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Para usted, Juan Carlos Mesa

Le pertenezco.

Le pertenecen las risas argentinas de varias generaciones.

Le pertenece el humor, en el mejor sentido de la palabra.

Pertenecemos todos a un mundo donde, entre las cosas que existen, existe el humor de los héroes y el humor de los antihéroes; el humor que resalta al ganador y el humor que resalta al perdedor. Como existen las corrientes económicas que sólo tienen en cuenta al ganador y las que tienen en cuenta sólo a los perdedores; como existen posiciones políticas a las que les interesa el ganador y otras que se interesan únicamente por el perdedor.

Y, como es lógico, en general el humor que gana es el de los ganadores. No está ni mal ni bien; es una cuestión de gustos.

Pertenecemos a un mundo que tiene necesidad, a veces, para hacer humor, de burlarse de los demás, de reírse a costillas del otro, de mostrar cierta superioridad sobre él, que es un igual. Como ocurre con corrientes económicas y posiciones políticas en las que se deja afuera al otro, pues no considera posible que ambas partes puedan divertirse por igual.

Pero pertenecemos también a un mundo que, a veces, busca la risa sin burlarse de los demás, un humor sin víctimas inocentes –como tampoco las quieren algunas posiciones políticas o corrientes económicas–, aquel que no intenta la risa a costillas del otro, sino de sí mismo. Como cuando usted, Juan Carlos, me contó, en una entrevista radial, que en la escuela nunca lo habían elegido para actuar de San Martín, ni de ningún prócer, pero que sí lo hicieron hacer de pollito, porque era el más alto del grado, con un traje amarillo que le quedaba ridículamente chico por todas partes, cosa que provocó la risa de la escuela entera, de usted inclusive.

Pertenecemos, entonces, a un mundo donde hay un humor en el que ganador y perdedor pueden reírse por igual, porque ambas ridiculizaciones quedan incluidas, o, mejor dicho, un humor que deja en ridículo las categorías mismas de ganador y perdedor, poniéndolas en tela de juicio, desdibujándolas, borrando las fronteras de la superioridad de una sobre la otra.

Y así es que, de pronto, milagrosamente, ha ocurrido entre carcajada y carcajada que todos hemos ganado.

Pertenecemos, afortunadamente, a un país al que pertenece Juan Carlos Mesa.

Le pertenecen a él personajes inolvidables, actuaciones humorísticas que son una referencia ineludible para quien quiera hacer reír, en televisión y en radio. La ingenuidad como gran fuente para el humor, como principio que permite el disparate y no la agresión, libretos insuperables, ideas antológicas.

Y, de pronto, milagrosamente, nos pertenecen a todos.

Le pertenece a él la risa de varias generaciones de argentinos, en el mejor sentido de la palabra risa.

Nos pertenece.

Usted es el premio para nosotros.

Le pertenecemos, Juan Carlos Mesa.  
                                                

Mayo 2 de 2006   Fuente: Mex Urtizberea para LA NACIÓN

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