Libros
  Discos  
  Videos / DVD  
  Cartelera de Cine  
  Cartelera de Teatro  
Artistas Plasticos
  Tango-Cena-Show  
  Cafe Concert  
  Milongas  
 
Tango
 
 
 
De Compras
Medicina y Estética
Teléfonos Utiles

Sugerencias
La Información

  Hoteles  
  Restaurantes  
  Paseos de Compras  
  Recreación Infantil  
  Galerías de Arte  
  Bibliotecas y Museos  
Fiestas Argentinas

Fotografías
 
 
 
Conociendo
 
 
 
 
 
  Turismo Nacional  
  Turismo Rural  
 
 
PORTADA

¿Los padres? Bien, gracias?


A veces una mirada vale por la mirada de todos. Una mujer escribió una carta a Clarín y su testimonio es un documento de una realidad incrustada en buena parte de la sociedad: la violencia adolescente. Ella cuenta simplemente lo que ve desde su lugar de trabajo, dos boliches y bares en las cercanías que son un espacio abierto de peleas entre chicos.

La última batalla fue salvaje y habría sido por nada: un cruce de miradas, sólo porque sí. El cruce de miradas y la mirada de la lectora que sirve para abrir los ojos de muchos: ¿Dónde están los padres?, se pregunta. ¿Acaso no los ven llegar golpeados?

La violencia entre adolescentes no es nueva. Para ellos es un modo de afirmarse, exhibir su potencia, resolver conflictos. Pero las peleas solían disolverse rápidamente y no tenían consecuencias graves. Esto cambió como cambiaron muchos de sus hábitos. Empujados por deseos de autonomía no controlados por los padres, la noche de los chicos se extiende hoy hasta la madrugada y aun hasta la mañana.

Y en una sociedad más violenta, la escuela dejó naturalmente de ser pacífica. Una chica de 13 años fue golpeada y mordida en la cara por una compañera de curso de un colegio de La Plata. Terminó internada en un hospital. En Neuquén, otro chico de la misma edad y alumno de primer año fue atacado a cadenazos, puñetazos con manoplas y patadas por otros de tercero. ¿La razón de los golpes? Porque se manifestó admirador de los Rolling Stones, según denunció su mamá (ver "Violencia escolar: peleas con mordidas entre chicas de un colegio, en Los Hornos").

Cuando la violencia se vuelve un hábito cultural, es gratuita. Se propaga porque sí y llega hasta lo impensable. Una mujer sospechó que su hijo había participado en un robo y lo denunció a la Policía (ver "Sospechó que su hijo había robado y lo entregó a la Policía"). Si estaba presente observando a su hijo, esa madre tal vez hizo acto de presencia tarde, cuando ya cabía sospechar de él las peores cosas. Es la propia sociedad la que debe mirarse a sí misma, abrir los ojos ante la violencia antes de que sea tarde.

                                                

Mayo 11 de 2006   Fuente: Ricardo Roa para CLARÍN

< Portada Anterior   Portada Siguiente >
     
   
   
     
   
     
   
     
   
     
   
     
   
  Desarrollado por Ultima Online Soluciones de Internet